Por César Duvernay
Hay acciones que no buscan titulares pero que cambian la imagen y hasta el ánimo de un país. Una de ellas es el operativo de limpieza, siembra y retiro de vallas ilegales que realiza Fideicomiso RD Vial, junto al Ministerio de Obras Públicas (MOPC) y el Instituto Nacional de tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), dentro del programa Carreteras Limpias.
Durante años, nuestras autopistas y vías turísticas fueron convertidas en una selva de anuncios improvisados, estructuras oxidadas, carteles sobre carteles e imágenes que saturaban la vista y ocultaban la belleza natural del entorno. Esa contaminación, muchas veces ignorada, afecta la seguridad vial, el turismo y el bienestar psicológico de los ciudadanos.
Por eso, ver brigadas conjuntas de RD Vial, MOPC e Intrant desmontando letreros irregulares en diferentes puntos del país como en Los Manantiales y Cabeza de Toro, en Verón–Punta Cana, más que una labor estética, es un acto de respeto al orden, a la norma y a la gente. La Ley 64-00 de Medio Ambiente establece que toda forma de contaminación que degrade el entorno es responsabilidad compartida entre el Estado y la ciudadanía.
Bajo la dirección de Hostos Rizik Lugo, RD Vial ha asumido su papel no solo como administrador del peaje y el mantenimiento vial, sino como guardián del derecho de tránsito y promotor de un nuevo civismo ambiental. Y es que el plan Carreteras Limpias no se limita a retirar vallas, sino que también incluye reforestación, mantenimiento, embellecimiento, iluminación, pero sobretodo seguridad.
Un esfuerzo que merece el respaldo ciudadano porque cada valla retirada es una ventana que se abre al paisaje, y cada tramo limpio es un símbolo de país que se respeta. Porque no hay paisaje sostenible si el desorden ocupa el horizonte.